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Betty Cyprien
por Betty Cyprien

La nueva censura literaria: cuando también se prohíben libros de historia, activismo y memoria

La censura ya no apunta solo a novelas incómodas: cada vez más libros de no ficción, biografías, memorias, textos educativos y obras sobre diversidad, salud o derechos civiles están saliendo de estantes escolares y bibliotecas.

El fenómeno revela una disputa más profunda: no se censuran solo historias inventadas, también se intenta controlar qué hechos, identidades y memorias pueden conocer los lectores jóvenes.

Libros de no ficción censurados en una biblioteca escolar con cintas rojas sobre sus portadas.
Tabla de contenido

    Ya no solo se censuran novelas: también se borra contexto

    Durante años, la imagen clásica del libro prohibido estuvo asociada a novelas polémicas, obras con lenguaje incómodo o ficciones acusadas de desafiar valores morales. Pero la nueva ola de censura literaria muestra un cambio importante: ahora también se retiran libros de no ficción, textos informativos, biografías, memorias, obras de historia, libros sobre salud, educación sexual, activismo y derechos civiles.

    Ese giro importa porque la no ficción cumple una función distinta dentro de la lectura. No solo imagina mundos: ayuda a entender el mundo real. Cuando una comunidad retira de una biblioteca escolar libros sobre racismo, diversidad sexual, pueblos originarios, violencia, duelo o movimientos sociales, no está discutiendo únicamente gustos literarios. Está decidiendo qué parte de la realidad puede ser nombrada dentro de la educación.

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    La no ficción entra en la mira de las prohibiciones

    PEN America documentó 6.870 casos de prohibición de libros durante el año escolar 2024-2025 en Estados Unidos, distribuidos en 23 estados y 87 distritos escolares. La organización también informó que, desde 2021, ha registrado casi 23.000 prohibiciones de libros en escuelas públicas del país.

    En su informe Facts & Fiction, PEN America analizó 3.743 títulos únicos prohibidos durante el año escolar 2024-2025 y advirtió un aumento fuerte de la censura contra libros de no ficción. Según el reporte, los títulos de no ficción pasaron de representar el 14% de los títulos prohibidos en 2023-2024 al 29% en 2024-2025; además, más de 1.100 títulos únicos de no ficción fueron retirados de estantes escolares.

    La organización incluye en ese grupo memorias, biografías, autobiografías, libros de historia, textos educativos y obras informativas para jóvenes. El dato es clave: la censura ya no se concentra solo en ficciones consideradas problemáticas, sino también en libros anclados en hechos históricos, conocimiento científico, experiencias reales y testimonios personales.

    Historia, diversidad y salud mental: los temas que incomodan

    Los temas más afectados muestran la dimensión cultural del conflicto. PEN America identificó entre los tópicos más comunes de los libros prohibidos la violencia no sexual, la muerte y el duelo, el empoderamiento y la autoestima, contenidos LGBTQ+, experiencias sexuales, salud mental, abuso verbal y consumo de sustancias. Además, el 44% de los títulos únicos prohibidos en 2024-2025 incluía personajes o personas de color, el porcentaje más alto registrado por PEN America en esa categoría.

    Esto permite entender por qué la censura de no ficción tiene un efecto distinto. Un libro sobre historia afroamericana, derechos civiles, identidad LGBTQ+, sexualidad, salud mental o pueblos indígenas no solo entrega información: puede darle a un estudiante un marco para comprender su propia vida o la vida de otros. Retirarlo no elimina el problema que aborda; solo reduce las herramientas para hablar de él.

    PEN International también advirtió en 2025 que autoridades en distintos países estaban restringiendo libros sobre violencia sexual, narrativas LGBTQ+ y cuestiones raciales, con impacto desproporcionado en comunidades marginadas. La organización mencionó además el caso de Afganistán, donde el Ministerio de Información y Cultura del Talibán publicó en octubre de 2024 una lista de más de 400 libros prohibidos.

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    La biblioteca escolar como campo de batalla cultural

    Las bibliotecas escolares se han convertido en uno de los espacios centrales de esta disputa. Allí no solo se decide qué libros están disponibles: se decide qué experiencias merecen representación dentro del entorno educativo.

    La American Library Association informó que en 2025 su Oficina para la Libertad Intelectual documentó 5.668 libros prohibidos en bibliotecas y otros 920 títulos censurados mediante restricciones de acceso, como reubicaciones o exigencia de autorización parental. La ALA también señaló que el 92% de los desafíos a libros en 2025 fue iniciado por grupos de presión, funcionarios gubernamentales y tomadores de decisión, mientras que menos del 3% provino de padres individuales.

    Ese dato contradice la idea de que la censura actual sea solo una suma de preocupaciones familiares aisladas. La ALA la presenta como una campaña políticamente impulsada para suprimir historias y experiencias de personas LGBTQIA+ y comunidades BIPOC.

    Qué pierde un estudiante cuando le quitan un libro incómodo

    Cuando se retira un libro incómodo, no solo pierde el autor. Pierde también el estudiante que necesitaba encontrar una experiencia parecida a la suya. Pierde quien buscaba entender una enfermedad, una identidad, una violencia, una época histórica o una injusticia. Pierde la comunidad escolar, porque se reduce el espacio para conversar con información y matices.

    La censura de no ficción es especialmente delicada porque afecta el acceso al conocimiento. Una novela puede abrir empatía desde la imaginación; un libro de no ficción puede ofrecer contexto, datos, testimonio y vocabulario para comprender hechos reales. Ambas formas importan. Pero cuando se atacan textos informativos, la disputa se acerca más directamente al control de lo que puede aprenderse.

    EveryLibrary Institute, en su informe The Censorship Acceleration, sostiene que las campañas de censura en bibliotecas han pasado de preocupaciones parentales aisladas a estrategias políticas más amplias, vinculadas a disputas sobre educación pública, voces marginadas y diversidad.

    No es solo censura: es una disputa por la memoria

    Retirar un libro de no ficción no borra el hecho que ese libro intenta explicar. No borra el racismo, la violencia, la enfermedad, la desigualdad, la diversidad sexual, la historia indígena, la migración ni el duelo. Lo que sí puede hacer es impedir que una comunidad escolar tenga palabras, datos y relatos para comprender esos temas.

    Por eso esta nueva censura es más profunda que una discusión sobre estanterías. Prohibir una novela puede limitar una imaginación; prohibir un libro de no ficción puede limitar el acceso al contexto. Y sin contexto, una sociedad entiende menos su propio conflicto.

    Claves para entender la nueva censura literaria

    • La censura ya no afecta solo a novelas: también apunta a libros de no ficción, biografías, memorias, textos históricos y obras educativas.
    • PEN America registró 6.870 casos de prohibición de libros en escuelas públicas de Estados Unidos durante el año escolar 2024-2025.
    • Los títulos de no ficción pasaron del 14% al 29% de los títulos prohibidos entre 2023-2024 y 2024-2025, según PEN America.
    • Muchos libros censurados abordan raza, identidad LGBTQ+, salud mental, duelo, violencia, sexualidad, historia y empoderamiento.
    • La ALA informó que en 2025 el 92% de los desafíos a libros fue impulsado por grupos de presión, funcionarios y tomadores de decisión.
    • Retirar libros de no ficción no solo limita lecturas: también limita contexto, memoria y herramientas para comprender la realidad.

    Qué viene: defender el derecho a leer la realidad

    La censura literaria no siempre llega con una hoguera. A veces llega con formularios, políticas escolares, listas de revisión, presiones organizadas o decisiones administrativas que retiran libros sin demasiado ruido. Pero el efecto puede ser profundo: una biblioteca más estrecha, una conversación pública más pobre y estudiantes con menos acceso a mundos distintos del propio.

    Defender el derecho a leer no significa imponer un libro a todos. Significa evitar que una sola visión decida qué pueden conocer los demás. En especial cuando se trata de historia, memoria, activismo, salud, diversidad y experiencias reales, la pregunta no debería ser qué libro incomoda, sino qué sociedad estamos construyendo si la incomodidad se responde con silencio.

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