Poemas para papá trabajador de su hijo
Estos poemas para papá trabajador de su hijo están escritos para reconocer las jornadas largas, el cansancio, la responsabilidad y las enseñanzas que muchas veces se comprenden mejor al crecer. No hablan de un héroe perfecto, sino de un padre humano que madrugó, se esforzó y encontró distintas maneras de cuidar a su familia.

Puedes dedicar estos textos cualquier día, sin esperar un cumpleaños o el Día del Padre. Mi recomendación es elegir el poema que más se parezca a la rutina real de tu papá y cambiar los detalles necesarios: sus herramientas, su uniforme, la hora en que salía o la frase que repetía al regresar. También encontrarás más textos escritos desde esta misma relación en nuestra colección de poemas para papá de su hijo.
Un padre trabajador no necesita ser descrito como un héroe perfecto. A veces basta con recordar la hora a la que salía, cómo regresaba y todo lo que sus manos enseñaron sin discursos.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Poemas para papá trabajador de su hijo que reconocen su esfuerzo diario
Hay esfuerzos que ocurren mientras la casa duerme y sacrificios que un hijo tarda años en comprender. Estos poemas reconocen las horas invisibles detrás de cada jornada.
El esfuerzo que casi nadie veía
Antes de que amaneciera
Antes de que amaneciera ya estabas listo para salir; la casa seguía dormida y tú comenzabas a construir. No hacías ruido en la puerta, ni querías despertarnos; te ibas con el día oscuro y regresabas con los años. De niño no comprendía lo que costaba madrugar; hoy sé que en aquellas horas también nos estabas cuidando, papá.
Ideal para: un padre que madruga, cumple turnos tempranos o comienza su jornada cuando la familia todavía duerme.
Tus botas junto a la puerta
Tus botas junto a la puerta contaban cómo fue el día: llevaban polvo en los bordes y cansancio en las costuras. Yo las veía sin saber todo lo que habían caminado, las horas bajo la lluvia y los problemas enfrentados. Hoy miro aquellas botas como se mira una verdad: cada marca habla del hombre que trabajó con dignidad.
Para personalizarlo: cambia “botas” por zapatos, casco, uniforme, delantal, maletín, volante o la prenda que identificaba su trabajo.
Volvías cansado y aun preguntabas por mí
Volvías cansado a casa, con la jornada en la espalda, pero antes de descansar preguntabas cómo me encontraba. Tal vez no contabas tus problemas ni decías cuánto dolía; preferías escucharme aunque el sueño te vencía. Ahora entiendo, padre, lo que entonces no advertí: después de trabajar por todos, todavía pensabas en mí.
El esfuerzo que de niño no entendía
De niño no comprendía por qué llegabas sin hablar, por qué cerrabas los ojos apenas podías descansar. Pensaba que estabas lejos aunque te sentaras allí; no conocía el peso del día que traías detrás de ti. Hoy que conozco el cansancio, los horarios y la presión, entiendo que aquel silencio también pedía comprensión.
Cuando adaptes uno de estos poemas, no busques una imagen elegante. Busca la imagen verdadera: los zapatos junto a la puerta, el ruido de las llaves o la forma en que tu padre se sentaba al volver.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Poemas para un padre trabajador que demuestra su amor con hechos
Algunos padres expresan el cariño con pocas palabras. Lo demuestran preparando algo antes de salir, haciendo una llamada breve o preocupándose por sus hijos incluso después de una jornada agotadora.
Formas silenciosas de cuidar a un hijo
El almuerzo preparado antes de salir
Antes de salir al trabajo dejabas algo preparado: el pan sobre la mesa, el almuerzo bien guardado. No decías grandes frases ni buscabas explicación; tu manera de cuidarme cabía en aquella acción. Con los años comprendí lo que ese gesto quería decir: aunque tu jornada empezara, pensabas primero en mí.
Tu llamada al final del trabajo
Al terminar la jornada me llamabas sin demora: “¿Todo bien por la casa?”, preguntabas a cualquier hora. Tal vez estabas cansado, tal vez querías descansar; pero necesitabas saber que yo podía estar en paz. Eran llamadas pequeñas, sin discursos ni emoción; hoy sé que aquellas preguntas eran otra forma de amor.
Nunca faltó tu preocupación
Podía faltarte el tiempo, podía sobrarte el cansancio, pero nunca faltó tu forma de preguntar cómo estábamos. Recordabas mis horarios, mis problemas y mis planes; aunque el trabajo te llevara, seguías atento a los detalles. No siempre estabas presente de la manera que imaginé, pero nunca faltó tu cuidado cuando de verdad lo necesité.
Tu trabajo también decía «te quiero»
Tu trabajo decía “te quiero” cuando no salía de tu voz, cuando volvías con el cuerpo pidiendo un poco de reposo. Lo decía en cada cuenta, en los útiles y el pan, en las veces que pospusiste algo que querías comprar. Sé que el dinero no reemplaza un abrazo ni una conversación; pero ahora puedo reconocer el cuidado detrás de tu labor.
Ideal para: padres reservados que muestran afecto mediante acciones, responsabilidad y preocupación cotidiana.
Hay padres que casi nunca dicen frases largas, pero dejan el amor preparado en la mesa, en una llamada breve o en la preocupación por saber si su hijo llegó bien.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Poemas para las manos, las herramientas y el oficio de papá
Un oficio también puede convertirse en memoria. Las manos, las herramientas y la forma de hacer bien un trabajo suelen guardar enseñanzas que acompañan al hijo durante toda la vida.
El orgullo de hacer bien el trabajo
Tus manos contaban la jornada
Tus manos contaban el día sin necesidad de palabras: una marca, una aspereza, una pequeña cortadura. Eran manos que aprendieron a resolver y sostener, a levantar lo necesario y comenzar otra vez. Cuando miro hoy mis manos, algo tuyo puedo encontrar: la paciencia de quien sabe que el trabajo exige cuidar.
Cada herramienta tenía su lugar
Cada herramienta tenía su propio sitio al terminar; decías que cuidar las cosas también era trabajar. No permitías que la prisa dejara todo sin orden; porque un oficio se respeta desde antes de que comience. Aún recuerdo aquella regla cuando debo organizar: dejar todo listo hoy para mañana continuar.
Lo hacías bien aunque nadie mirara
Lo hacías bien aunque nadie estuviera cerca para mirar; no necesitabas aplausos para cumplir con calidad. Decías que toda tarea habla de quien la realizó, que el trabajo mal terminado también deja una explicación. De ti aprendí que la honradez no depende de un testigo; es hacer lo que corresponde aunque nadie esté contigo.
Aprendí observándote trabajar
Aprendí observándote medir antes de comenzar, revisar cada detalle y no dejar nada al azar. Aprendí que la paciencia también forma parte del oficio, que cuidar de los demás vale más que terminar rápido. Nunca escribiste estas lecciones, pero las pude conservar; las aprendí mirando en silencio tu manera de trabajar.
Cuando el oficio se convierte en legado
El trabajo llevaba tu nombre
Cuando alguien hablaba de ti recordaba tu puntualidad, la palabra que cumplías y tu forma de trabajar. No necesitabas anunciarte ni presumir lo que hacías; tu nombre quedaba escrito en la confianza que construías. Ese fue también tu legado: que la gente pudiera decir que todo trabajo en tus manos quedaba mejor al salir.
No heredé solo tus herramientas
No heredé solo herramientas ni conocimientos del oficio; heredé tu disciplina y el respeto por el compromiso. Heredé la costumbre de revisar antes de entregar, de reconocer un error y volverlo a reparar. Lo que dejaste en mis manos no cabe dentro de un cajón: son valores que hoy sostienen mi trabajo y mi decisión.
Mis manos recuerdan las tuyas
Mis manos recuerdan las tuyas cuando ajusto con cuidado, cuando prefiero ir despacio para dejar todo acabado. Recuerdan cómo explicabas sin hacerme sentir menor, cómo corregías mis fallas sin quitarme el valor. Cada vez que hago algo bien vuelvo a recordar tu voz: “Trabaja con responsabilidad; eso también habla de vos”.
Como electricista profesional, sé que una herramienta no habla solo del oficio. También puede hablar del cuidado, de la seguridad, de la paciencia y de la responsabilidad de regresar a casa después de cada jornada.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Poemas para papá que trabaja de madrugada, de noche o lejos de casa
No todos los trabajos ocurren durante el día ni cerca de la familia. Hay padres que salen cuando otros descansan, cumplen turnos difíciles o recorren grandes distancias para sostener sus responsabilidades.
Jornadas que comenzaban cuando otros descansaban
La alarma antes del sol
La alarma sonaba temprano, antes del primer color; tú apagabas con cuidado para no despertar alrededor. Te vestías en silencio, bebías algo sin tardar, y mientras el barrio dormía ya comenzabas a trabajar. Hoy escucho una alarma parecida y comprendo la dimensión de levantarse cada día por responsabilidad y amor.
Cuando tu turno comenzaba de noche
Cuando tu turno comenzaba la casa se preparaba a dormir; tú salías hacia la noche mientras yo podía descansar. Hubo cenas sin tu silla, mañanas en que llegabas agotado; pero nunca hiciste del cansancio un motivo para abandonarnos. Trabajabas cuando el mundo parecía detener su voz; hoy reconozco aquellas noches y todo lo que costaron, papá.
El café de la madrugada
El café de la madrugada tenía prisa y poca luz; una taza entre tus manos y el silencio alrededor. Lo bebías junto a la puerta mientras revisabas qué llevar; después salías a la calle sin saber cómo estaría el día. Ahora preparo ese café y algo vuelve a comenzar: tu recuerdo en la cocina, tu constancia al madrugar.
Regresabas cuando el día terminaba
Regresabas cuando el día ya empezaba a despedirse; traías el paso más lento y pocas ganas de quejarte. Dejabas afuera el trabajo, pero no todo su cansancio; aun así buscabas un momento para sentarte a nuestro lado. Hoy valoro aquel regreso más que cualquier explicación: volver también era una forma de cumplir con el corazón.
Trabajo, distancia y tiempo lejos de la familia
Los kilómetros que hiciste por nosotros
Cuántos kilómetros hiciste sin decir que eran demasiados, cuántas rutas repetiste con el cuerpo acostumbrado. La distancia se medía en llamadas y en regresos, en promesas de volver y en abrazos después del viaje. Hoy agradezco esos caminos, pero también quiero decir: ningún trayecto fue pequeño cuando te alejaba de mí.
Tu voz llegaba por teléfono
Tu voz llegaba por teléfono desde otro turno o ciudad; preguntabas por mis cosas antes de hablar de tu jornada. A veces la señal fallaba, otras veces era tarde; pero encontrabas unos minutos para volver a acompañarme. No estabas dentro de casa, pero tu voz sabía llegar; en aquellas breves llamadas también volvías a cuidar.
Aprendí a esperar tu regreso
Aprendí a esperar tu regreso mirando pasar los días, preguntando cuántas noches faltaban para tu llegada. No siempre entendía el motivo de tenerte que esperar; solo sabía que la casa cambiaba cuando no estabas. Hoy comprendo aquel trabajo, pero no niego la emoción: cada regreso me enseñaba el valor de tu presencia.
Aunque trabajaras lejos, seguías presente
Aunque trabajaras lejos, sabías cuándo preguntar, recordabas mis proyectos y lo que debía presentar. Mandabas algún consejo, una palabra, una atención; la distancia no borraba tu manera de ser papá. No estabas en cada momento, pero buscabas estar allí; en las llamadas y preguntas seguías presente para mí.
Para usar estos poemas: funcionan especialmente bien para padres que trabajan por turnos, conducen largas rutas, viven temporadas fuera o pasan varios días lejos de casa.
Poemas de un hijo que comprende el sacrificio de papá al crecer
Hay partes del esfuerzo paterno que solo se comprenden al comenzar a trabajar, pagar cuentas o cuidar de otras personas. Estos poemas nacen de esa mirada más madura.
Lo que cambió cuando el hijo comenzó a trabajar
Ahora entiendo tu cansancio
Ahora entiendo tu cansancio, la mirada al terminar, las respuestas más pequeñas y las ganas de descansar. Antes pensé que tu silencio era distancia hacia mí; hoy conozco esas jornadas que parecen no tener fin. No borra lo que sentía, pero cambia mi comprensión: a veces estabas agotado, no ausente del corazón.
Cuando empecé a trabajar, te comprendí
Cuando empecé a trabajar entendí tus preocupaciones: los horarios, los problemas, las cuentas y decisiones. Entendí por qué mirabas tantas veces el reloj, por qué al llegar a casa necesitabas respirar. No conocía aquel esfuerzo cuando dependía de ti; ahora respeto mucho más todo lo que hiciste por mí.
No eras frío, estabas agotado
Muchas veces confundí tu cansancio con frialdad; quería largas conversaciones cuando buscabas descansar. No siempre supiste decirme lo que ocurría dentro de ti; yo tampoco comprendía lo que costaba resistir. Hoy no invento una perfección ni niego lo que faltó; solo puedo ver al hombre que muchas veces se agotó.
Lo que costaba sostener la casa
De niño todo aparecía: la comida, el agua, la luz; no veía las decisiones que enfrentabas detrás. No sabía cuánto costaba mantener todo de pie, ni las veces que elegiste renunciar para proveer. Hoy miro aquella casa con una nueva claridad: también estaba sostenida por tu esfuerzo, papá.
El reconocimiento que llega con los años
Perdón por no haberlo visto antes
Perdón por no haber visto las renuncias de tus días, por pensar que era sencillo todo aquello que conseguías. Perdón por algunas veces en que solo supe exigir, sin comprender que llegabas con muy poco para ti. No te escribo desde la culpa, sino desde la madurez: hoy reconozco tu esfuerzo como no pude hacerlo ayer.
Hoy valoro tus renuncias
Hoy valoro aquellas cosas que dejaste para después: una salida, un descanso, algo que querías tener. No porque toda renuncia deba llamarse virtud, sino porque muchas veces pusiste primero nuestra necesidad. Gracias por lo que entregaste, pero también quiero expresar: no debiste perderte entero para enseñarme a avanzar.
Tu esfuerzo tiene otro significado para mí
Tu esfuerzo tiene hoy un significado diferente; ya no lo miro como un niño que esperaba simplemente. Ahora veo la constancia, la presión y la ansiedad, la responsabilidad diaria de no poder abandonar. Lo que hiciste no fue fácil ni ocurrió sin un precio; hoy admiro más al hombre que había detrás del esfuerzo.
Cuando buscas una reflexión más amplia sobre cómo cambia la relación con papá al crecer, también puedes leer estos poemas para papá de un hijo adulto.
Algunas cosas que juzgamos de niños adquieren otro sentido cuando comenzamos a trabajar, pagar cuentas y cuidar de otras personas. La poesía también puede ayudarnos a reconocerlo sin borrar lo que sentimos entonces.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Poemas para agradecer a papá sin glorificar su agotamiento
Agradecer el esfuerzo de papá no significa decirle que debe trabajar sin detenerse. Un padre también merece descanso, salud, tiempo propio y el cuidado de quienes lo aman.
Gratitud por el esfuerzo y cuidado por la persona
Gracias por cada jornada
Gracias por cada jornada, por levantarte y continuar, por enfrentar los problemas sin dejar de regresar. Gracias por las decisiones que tomaste con responsabilidad, por cuidar de nuestra casa con trabajo y dignidad. No agradezco solo el resultado, también el camino recorrido; todo aquello que aprendí al mirar cómo has vivido.
También mereces descansar
También mereces descansar, dejar el reloj a un lado, sentarte sin sentir culpa por el trabajo aplazado. Mereces cuidar tu cuerpo, dormir sin preocupación, recibir de quienes amas la misma dedicación. Trabajar te hizo constante, pero no define tu valor; para mí sigues siendo mi padre también cuando dices “hoy no”.
No tienes que ser incansable para ser admirable
No tienes que ser incansable para que pueda admirarte; puedes sentirte agotado, pedir ayuda y detenerte. No vales solo por las horas, los resultados o el deber; también vales por tu risa, por tu historia y por tu ser. Quiero reconocer tu esfuerzo sin pedirte más dolor: no necesitas destruirte para demostrar tu amor.
Ideal para: recordarle a papá que su valor no depende únicamente de su productividad o de cuánto pueda soportar.
Quiero cuidar al hombre que siempre cuidó de mí
Quiero cuidar al hombre que tantas veces cuidó de mí, preguntar cómo se siente y quedarme para escuchar. Quiero ayudarte a detenerte, acompañarte a descansar, recordarte que no estás solo cuando la fuerza empieza a faltar. Durante años fuiste apoyo; hoy también quiero ofrecer mis manos, mi tiempo y mi presencia sin esperar que tengas que pedir.
Tu valor no depende de cuánto produzcas
Tu valor no está en las horas que pudiste trabajar, ni en el dinero o las metas que lograste completar. Tu valor vive en tu historia, en tu manera de tratar, en las veces que supiste reconocer y reparar. Aunque mañana descansaras y no volvieras a producir, seguirías siendo mi padre y alguien importante para mí.
Para expresar gratitud por su presencia, sus consejos y todo lo vivido, más allá del trabajo, puedes visitar estos poemas de agradecimiento de un hijo a su padre.
Un hombre no debería tener que agotarse para demostrar cuánto ama a su familia. Reconocer su esfuerzo también significa recordarle que merece descanso, cuidado y compañía.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Cómo elegir un poema para un buen padre trabajador
El mejor poema no es necesariamente el más largo ni el más emotivo. Es el que se parece a la manera de trabajar, hablar y cuidar que tiene tu papá.
Si tu papá trabaja con las manos
Elige poemas sobre herramientas, precisión, paciencia, seguridad y trabajo bien hecho. Puedes mencionar las marcas de sus manos, el uniforme o el cuidado con el que ordenaba cada objeto al terminar.
Si trabaja en una oficina, negocio o profesión
Concéntrate en sus horarios, decisiones, responsabilidades y preocupaciones. Una computadora, un escritorio, un maletín o una llamada pendiente pueden ser tan significativos como cualquier herramienta física.
Si trabaja por cuenta propia
Busca textos sobre perseverancia, incertidumbre y jornadas sin horarios fijos. Puedes reconocer las veces que tuvo que comenzar de nuevo, encontrar clientes o resolver problemas sin saber cómo terminaría el mes.
Si cumple turnos nocturnos o madruga
Funcionan mejor las imágenes de la alarma, el café, la calle oscura, la casa dormida y el regreso. Estos detalles transmiten esfuerzo sin repetir que papá es un héroe o un luchador.
Si pasa tiempo lejos de la familia
Elige poemas sobre llamadas, viajes, espera y reencuentros. Reconoce el esfuerzo, pero también la ausencia que pudo sentir la familia. La gratitud puede convivir con la sinceridad.
Si es un padre reservado
Usa palabras sencillas y acciones concretas. Un padre que casi nunca dice “te quiero” puede sentirse más representado por un poema sobre su manera de preguntar, reparar, regresar o cumplir su palabra.
Si deseas leerlo frente a la familia
- Elige un poema de extensión media.
- Incluye una escena que varias personas reconozcan.
- Evita detalles que tu padre considere demasiado privados.
- Lee despacio y marca las pausas.
- Cambia cualquier palabra que no suene natural para ti.
Mi recomendación es elegir un poema que suene natural para tu padre. El mejor texto no siempre es el más adornado, sino el que se parece a la relación que ustedes realmente tienen.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Cómo adaptar el poema al oficio y la historia real de papá
Un detalle verdadero puede convertir un poema general en una dedicatoria personal. No necesitas cambiar todos los versos; basta con añadir una imagen que tu padre pueda reconocer como propia.
Sustituye una frase general por una escena concreta
Ejemplo: de «trabajabas mucho» a una imagen que pueda reconocerse
Versión general: “Trabajabas mucho por nuestra familia”.
Versión personal: “Salías cuando las ventanas seguían oscuras y dejabas el café preparado”.
La segunda opción muestra una hora, una acción y un espacio. Esa escena permite que el poema se parezca más a la vida real.
Menciona una herramienta, prenda o espacio de trabajo
Ejemplo: casco, uniforme, maletín, volante, delantal o escritorio
Tu casco junto a la puerta anunciaba el fin del día; yo sabía que habías vuelto antes de escuchar tu voz.
Elige un elemento que estuviera realmente presente en su rutina. No lo añadas solo para que el poema parezca más bonito.
Incluye el horario o la rutina de papá
Ejemplo: la alarma, el turno, el viaje o la hora de regreso
A las cinco sonaba el reloj y comenzaba tu jornada; mientras yo seguía durmiendo, tú ya cuidabas de la casa.
Una hora concreta puede decir más que una frase como “siempre te sacrificaste”.
Nombra lo que aprendiste de su forma de trabajar
Ejemplo: paciencia, puntualidad, honestidad o responsabilidad
De ti aprendí a llegar antes de la hora acordada, a cumplir con mi palabra y no entregar una tarea descuidada.
Elige un valor que realmente hayas observado. Una cualidad concreta resulta más creíble que afirmar que papá era perfecto en todo.
Añade algo que comprendiste al crecer
Ejemplo: el cansancio que antes confundías con distancia
Antes creí que tu silencio significaba estar distante; hoy conozco ese cansancio que no deja palabras al final del día.
Puedes reconocer una nueva comprensión sin negar cómo te sentías cuando eras niño. La honestidad hace que el poema tenga más profundidad.
Termina con una frase que realmente le dirías
Cierres de un hijo para un padre trabajador
- Ahora comprendo todo lo que había detrás de cada jornada.
- Estoy orgulloso de tu oficio y, sobre todo, del hombre que eres.
- Gracias por trabajar, pero también por regresar siempre a nosotros.
- Lo que aprendí mirándote sigue acompañándome.
- No necesitas demostrar nada más; para mí, tu esfuerzo ya tiene nombre.
Escribir en español y kreyòl haitiano me ha enseñado que una emoción puede encontrar distintas palabras sin perder su verdad. Cambia el poema hasta que parezca escrito dentro de tu propia casa.
Steve el Poeta, Mundo Escritores
Preguntas frecuentes sobre poemas para un padre trabajador
Puedes reconocer su constancia, sus horarios, el cansancio, la dignidad de su oficio y las enseñanzas que dejó en ti. También puedes mencionar una rutina concreta o algo que solo comprendiste al comenzar a trabajar.
Describe acciones reales: la hora en que salía, cómo preparaba sus cosas, el uniforme, una llamada o la manera en que cumplía su palabra. Los detalles concretos suelen emocionar más que los elogios generales.
No. El trabajo también puede representar responsabilidad, tiempo, disciplina, preocupación y ejemplo. Además, el valor de un padre no depende únicamente de cuánto dinero lleva a casa.
Adapta las imágenes a su realidad: escritorio, computadora, negocio, vehículo, uniforme, llamadas, reuniones, cocina o trabajo doméstico. Lo importante es mostrar su rutina verdadera.
Para mensajes rápidos, notas pequeñas o dedicatorias de pocas líneas, puedes consultar estos poemas cortos para un padre trabajador.
Cuando la dedicatoria está pensada especialmente para esa celebración, encontrarás más opciones en estos poemas para el Día del Padre de un hijo a su papá.
Para expresar gratitud a Dios, bendiciones y reconocimiento espiritual, puedes leer estos poemas cristianos para un padre trabajador.
Para felicitarlo por una nueva etapa y reconocer su esfuerzo durante su cumpleaños, puedes visitar estos poemas de cumpleaños para papá trabajador.
Una reflexión de Steve el Poeta sobre el trabajo y el ejemplo de papá
Trabajar con electricidad me ha enseñado que una tarea bien hecha requiere atención, paciencia, seguridad y respeto por las personas que dependen de nuestro trabajo. También me ha permitido comprender el cansancio físico, la responsabilidad de cumplir y la importancia de regresar a casa después de cada jornada.
Durante años compartí mis textos en redes sociales y participé en antologías, entre ellas Champurria. Más adelante publiqué el poemario bilingüe Flor de tumba – Flè Kav, escrito en kreyòl haitiano y español, y la novela poética Depi Nan Benbo.
Desde esa experiencia, mi recomendación es no escribir sobre un padre trabajador como si nunca sintiera dolor o agotamiento. Es más humano reconocer lo que hizo, agradecer sus esfuerzos y recordarle que también merece cuidado, compañía y descanso.
Lee el poema en voz alta antes de dedicarlo. Quita las palabras que no usarías en una conversación con tu padre y añade un detalle verdadero: la alarma, el uniforme, una herramienta, una llamada o la manera en que regresaba al final del día.
El trabajo de un padre no se recuerda únicamente por lo que llevó a casa, sino por la disciplina, la dignidad y la manera de enfrentar la vida que dejó en su hijo.
Steve el Poeta, fundador de Mundo Escritores

Stevenson Jacques originario de Haití, electricista profesional actor de teatro, poeta, escritor, amante del arte, conocido como «Steve el poeta», soy fundador de «Mundo Escritores». Desde hace años, voy publicando en mis redes sociales. También publiqué en varias antologías, una de ellas es; Champurria. Después de tantos años de publicar vagamente, decidí publicar mi primer poemario “flor de tumba” en dos idiomas; en “Kreyòl haitiano” y en español y una novela «Depi Nan Benbo». Próximamente planeo publicar otra novela, y mucho más.
Después de tantos años de publicar vagamente, el poeta decide publicar una novela poética «Depi Nan Benbo» y su primer poemario “Flor De Tumba – Flè Kav” en dos idiomas; en “Kreyòl haitiano” y en español. Un libro de poemas cortos y versos libres.
Próximamente planea publicar una novela, y mucho más.
